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El hambre entre las piernas.

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El hambre entre las piernas.

Mensaje por Patrio el Mar Dic 02, 2008 1:33 pm

La imagen del hombre real, con virtudes, con defectos, con ansias, con deseos y carencias, comenzó a ser envuelta por el halo de la gloria desde el fatídico 19 de Mayo en Dos Ríos. El misticismo propio de los hombres que son tomados como banderas por sus pueblos, en mi modesta opinión, tiende a alejar la dimensión real y humana del individuo en pos de su nuevo carácter de semidios, de ser sobrenatural, elegido por el destino para una tarea no apta para mortales. Además, el paso de tiempo, la muerte de los que le conocieron, la desaparición del entorno real que vivieron hacen que pueda desvirtuarse y muchas veces perderse parte del legado real de estos seres. En muchos casos, las publicaciones masivas de investigadores, con los errores inherentes a cada obra en cuanto a certeza de fuentes, muchas veces basados en obras de otros estudiosos, pueden contribuir a desvirtuar la realidad y hacer crecer aun más la imagen del hombre mito, lejano, no palpable, para aquellos que pretenden acercarse al héroe. En el caso de José Martí y Pérez, uno de nuestros hombres de mayor talla universal, la coyuntura histórica de ser utilizado como bastión por más de medio siglo por la dictadura dirigida por Fidel Castro, ha traído como consecuencia una tendencia a ser valorado por los mensajes divulgados por la cúpula gobernante en función de sus fines políticos, no por los verdaderos valores de un hombre que a la fecha de hoy y triste es afirmarlo, es un desconocido en su dimensión humana, por el pueblo al que entregó su vida.

Acercarme a él cada vez más, conocerle en su intimidad, ser su amigo, es el propósito de este escrito y a su vez intentar divulgar un breve y fugaz instante de un ser que si bien, como patriota y motor de una lucha que nos dio nuestra independencia e identidad como nación alcanzó matices de estrella, su vida como hombre tiene una inmensa trascendencia por su enorme humanidad.


María Mantilla: ¿Hija de Martí?.
José Martí llega a la ciudad de Nueva York un 3 de enero de 1880, por entonces una ciudad bulliciosa y repleta de inmigrantes de todas las latitudes. Una ciudad que le vislumbraría para siempre, donde viviría durante quince años y asistiría a la inauguración de estructuras tales como la Estatua de la Libertad y el puente de Brooklyn, pero que le marcó por detalles como este sentimiento nuevo que respira y que detalla con precisión: Estoy, al fin, en un país donde cada uno parece ser su propio dueño. Se puede respirar libremente, por ser aquí la libertad fundamento, escudo y esencia de la vida...(2). Pero también en esta ciudad conocería a una mujer muy importante en su vida: María del Carmen Miyares Y Peoli. La joven había nacido en Santiago de Cuba, el 8 de octubre de 1848, por lo que al conocerla José Martí, tenía treinta y un años. Su familia era de tradición combativa y América se cruzaba en su sangre.

Su padre (Carlos Miyares Egui), era natural de Puerto Rico y sostenía ideas separatistas, en tanto su madre (Socorro Peoli y Mancebo), vio la luz en La Habana y era descendiente de "aquellos famosos héroes corzos, los hermanos Peoli" , quienes habían luchado contra Génova y contra la misma Francia por llevar la independencia a su natal Córcega. (3) Dos almas combativas, sedientas de patria que el destino puso una frente a la otra en circunstancias complejas pero, ¿acaso alguien puede detener la erupción de un volcán y más cuando se llama amor?.
Sólo cinco días tras la llegada de Martí a Nueva York, encuentra refugio en la casa de huéspedes de la calle 29 número 51 Este. La situación de la familia Mantilla no es favorable. Según testimonios de amigos de la época, el comercio de tabaco a orillas del río Hudson que regenteaba Don Manuel Mantilla apenas alcanzaba para el sustento, además de la quebrada salud del mismo que la mayor parte de las veces le mantenía en postración total. A tal punto alcanza el deterioro físico de Don Manuel que fallece en 1885. Debemos tener en cuenta que el matrimonio se había consumado cuando Carmen contaba sólo veintiún años en 1869, al frente en su condición de huérfana de una prole numerosa de hermanos. El novio representaba sin duda alguna el apoyo necesario a tamaña empresa, no obstante superarla en varios años de edad. Apremiada por las circunstancias, según se infiere en las lecturas y respetando la indudable honorabilidad de tan magnífica dama y patriota, el 23 de mayo de 1869 se casaron en la parroquia de Nuestra Señora de la Asunción (hoy Santa Basílica Metropolitana Catedral de Santiago de Cuba).(4)
Es indudable que la situación psicológica de Carmen Miyares no era la más favorable a la llegada de Martí. Una mujer en el exilio, con tres hijos que mantener, un esposo postrado y un negocio de subsistencia que atender. ¿Qué representó aquel joven de mirada tierna, delicada palabra y férreo carácter, a punto de cumplir veintisiete años?. Sin duda alguna, un rayo de sol fulgurante y cegador inundaba de repente las tinieblas de una tumba con un cuerpo de mujer, a la sazón de treinta y un años.
Martí junto a María Mantilla en Long Island, Nueva York, 1890.(1)


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Re: El hambre entre las piernas.

Mensaje por Patrio el Mar Dic 02, 2008 1:35 pm

[b]¿Sucedió algo en ese primer mes de la estancia de Martí junto a Carmen?. ¿Sucumbió el insigne bardo a las terribles presiones del hambre entre las piernas de la que más tarde habló?. Afirmarlo es arriesgarse a unerror histórico, pero negarlo es cerrar los ojos a evidencias que mostraré a continuación. En principio, biológicamente es posible, el 28 de octubre de ese mismo año nace María Mantilla, la niña cuya fotografía llevaba en su pecho el funesto 19 de mayo en Dos Ríos.
Por su parte, Martí vivía el profundo desasosiego de las grandes almas. Se debatía entre dos mundos que en su caso se enfrentaban con frecuencia, de un lado los quehaceres patrióticos en una ciudad infestada de espías españoles y del otro, la perenne tendencia de su esposa Carmen Zayas Bazán a alejarle de su compromiso patrio en pos de la familia. Ella llegaría a Nueva York el 3 de marzo de 1880. El joven envuelto en la felicidad por el encuentro de su hijo, al que sólo un año más tarde dedicaría El Ismaelillo, muestra su estado de ánimo aparejado a una opinión clara sobre su esposa: ...Carmen no comparte, con estos juicios del presente que no siempre alcanzan al futuro, mi devoción a mis tareas de hoy. Pero compensa estas pequeñas injusticias con su cariño siempre tierno y con una exquisita consagración a esta delicada criatura que nuestra buena fortuna nos dio por hijo.(5) La esposa, espléndida, de hermoso rostro y buena cuna, le abandonó unos meses después, justo una semana antes del nacimiento de María Mantilla. ¿Coincidencia?. La partida de Carmen Zayas dejando al padre de su hijo en tierras lejanas, quizás respondiera a las desavenencias del matrimonio o tal vez a la evidencia de una relación entre su esposo y Carmen Miyares. ¿Qué pasaría por la mente de esta mujer?. El misterio se cierne sobre el tema pero un detalle interesante puede despejar ciertas dudas al respecto. Muchos años más tarde, en la celebración de un acto conmemorativo por el centenario del nacimiento del apóstol, coincidieron María Mantilla y María Teresa Bances, viuda del hijo de Martí, fallecido en 1945. La visión de María Mantilla causó en esta mujer una impresión que corrobora lo antes expuesto:
Cual no sería mi sorpresa al anunciar la llegada de María Mantilla. Cuando la vi por primera vez en persona y bastante cerca, me impresionó el parecido que tenía con Pepe Martí, mi esposo, ya fallecido.
No podía creer que ese parecido físico guardara relación con Pepe. A medida que la veía conversar con los que la rodeaban me percataba que en sus ademanes, su sonrisa, su forma hasta de sentarse, aparte del parecido físico, como la cara, las manos, eran tan iguales a las de Pepe Martí, que no pude por menos que convencerme que existía un parentesco entre ambos.
Carmen Miyares se convertiría hasta la muerte del maestro en su más fiel apoyo. Dio al maestro un hogar y un apoyo incluso hasta después de su muerte. Tras el fatal desenlace, continúa en su labor patriótica recaudando fondos para la guerra. Tras el establecimiento de la República reclamó activamente una pensión para la madre de su amado Martí, llegando hasta el presidente Don Tomás Estrada Palma. Murió a los 77 años el 17 de abril de 1925.
La adorada niña del apóstol creció fomentando entre sus hijos y nietos la adoración por Martí hasta su muerte en 1962 en Los Angeles, a los 81 años de edad. De seguro segundos antes de expirar releería en su mente aquella carta clavada a su memoria:
A mi María:

Y mi hijita ¿qué hace, allá en el Norte, tan lejos? ¿Piensa en la verdad del mundo, en saber, en querer, -en saber, para poder querer, -querer con la voluntad, y querer con el cariño? ¿Se sienta, amorosa, junto a su madre triste? ¿Se prepara a la vida, al trabajo virtuoso e independiente de la vida[...]
Casi tres años antes había sostenido una curiosa correspondencia con Gonzalo de Quesada:... Yo, como usted sabe soy la hija de Martí, y mis 4 hijos: María Teresa, César, Graciela y Eduardo Romero, son los únicos nietos de José Martí (…) Y también quiero dar a conocer los nombres de los cuatro biznietos de Martí. Robert y Holly Hope -hijos de Graciela y Victoria María y Martí – las hijas de Eduardo…No me quedan muchos años más de vida, quiero dar a conocer al mundo este secreto que guardo en mi corazón con tanto orgullo y satisfacción.
Resulta que Gonzalo de Quesada y Miranda es nada menos que hijo de Gonzalo de Quesada y Aróstegui, el entrañable amigo del apóstol y a quien este confió una extensa documentación. ¿Sabría este hijo por boca de su padre la verdadera identidad de María Mantilla?. Más asombrosa aun es la respuesta de Gonzalo a la anterior de la anciana María:
Todos sabemos que usted lo es, y que si por ejemplo nosotros los Quesada nunca lo hemos expresado públicamente es porque no ha sido hasta ahora en que usted autoriza y hasta desea que se haga saber.(3)
Certeza o mito, ¿qué nos preocupa?. Un amor como ese, del hombre más preclaro de los cubanos, de la palabra hecha amor. Hoy me inclino a creer que lo es y me siento más cerca de ël, de nuestro Martí. En Santa Ifigenia, descansa un hombre, real, enorme, mi maestro.[/
b]

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