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La ingrata. Bolero en prosa de una tormentosa relación.

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La ingrata. Bolero en prosa de una tormentosa relación.

Mensaje por Patrio el Vie Dic 26, 2008 7:10 am

"...No te pedí que vinieras, el culpable fue el destino...". Este pudiera ser la primera línea de un bolero, ese fantástico estilo que disfruta todo cubano en cualquier ocasión. Si conoce una mujer, si la ama con locura, si la engaña..., o ella lo engaña a él, si la deja o lo dejan, si se ella se muere o se va con otro, el cubano tiene siempre un bolero a mano para ese instante y aprovecha para empujar las penas desde el borde de un vaso con doble ración de ron, para ahogarlas en el producto nacional por antonomasia. Nada como un bolero para narrar con visos de queja triste el estado de ánimo que le embarga por los sucesos, pero lo cierto es que nuestro bolero más necesario está aun por hacer, porque después de cincuenta años nuestra relación con la que pudiéramos llamar "La engañadora" en homenaje a la inolvidable orquesta Aragón, la mal llamada Revolución se resiste a dejarnos libres de una vez.


No he conocido pareja más perversa. Tras cinco décadas de maltratos, abusos y destierros, la que llegó una madrugada de enero a reclamar el derecho de pernada a nuestras conciencias aun insiste en quedarse a nuestro lado o cuando menos permitir una separación, pero permutando a nuestro lado para seguir amargándonos la vida. Vaya mujer. Ahora tras el traspaso monárquico de líder, la engañadora se aferra a viejos y consabidos esquemas para perpetuarse en el poder, como si después de violar nuestra libertad reclamara la paternidad de la preñez de nuestros espíritus con el cuento de "las reformas". Las grandes tiranías históricamente se han resistido a abandonar su trono de poder y la Revolución Cubana trae a la memoria el chiste del afecto por la enfermedad de Hansen, sentado en el muro del malecón habanero y que era vigilado por un policía. Resulta que el leproso mientras contemplaba extasiado el mar, se arrancaba sucesivamente los dedos de las manos y los lanzaba con disimulo al gigante azul, lo que provocó que el agente se le acercara y le gritara sin miramientos:- ¡Oye, te estoy vigilando!, ¿te quieres ir a pedacitos?. La misma historia no las intentan vender los jerifaltes del castrismo, con reformas sin el menor basamento jurídico o constitucional, porque ni lo que pretenden reformar ni las reformas en su esencia, son compatibles con los principios de una sociedad justa y libre. Argucias de una tiranía, que contempla enfurecida como se resquebrajan sus cimientos de barro político, por los cada vez más violentos estremecimientos telúricos de la conciencia nacional, que paso a paso halla eco en un núnero cada vez mayor de cubanos.


Empeñada en mostrar su condición de maléfica, como si de la madrastra de Cenicienta se tratara, nos impuso una maternidad ideológica a pulso desde nuestras primeras infancias. Más de una vez he censurado la labor de nuestros padres por legarnos una patria mutilada de la libertad ganada con sangre en la manigua redentora, pero a decir verdad, nuestros padres son los héroes del silencio. Anónimos y ocultos agentes de un Mossad caribeño y casero, que nos fueron inyectando con lentitud las ansias de libertad a la par que nos intentaban proteger de las razzias políticas de la dictadura. Pero siempre vigilante y presta al ultraje, nuestra Cruela de Vil verdeolivo con el brazalete del aciago veintiséis de julio, se las arregló para distribuir paredones y rejas, como si de panes y peces se tratara. Afortunados los hebreos con un Mesías repartidor de alimentos, el nuestro repartió desde su llegada sangre a diestra y siniestra, e insaciable en su afán alejandrino, se dispuso a quitarnos lentamente con certeras dentelladas, todo lo que teníamos.


Tal magnitud alcanza el racionamiento alimentario de cinco décadas, que ya es apreciable la reducción pondoestatural del cubano medio, que ha ido perdiendo centímetros en sus descendientes en franca competencia con la pérdida de libertades. La marcha cansina del nativo que escapa a los ojos de los complacientes turistas europeos, tiene su razón de ser en el grillete ideológico que llevan soldados a sus tobillos. A despecho de las entrepiernas ávidas de madrugadoras cabalgatas sobre nuestras hijas y nietas, escudadas en pasaportes extranjeros y bolsillos con divisa convertible, nuestra matrona de lupanar prosigue en su labor de atesorar riquezas vendiéndonos a destajo a sus compinches de ocasión. Jamás otra ideología vendió con tal desfachatez a sus hijos adoptados a punta de fusil, los imperios se erigieron con el propósito de aumentar el bienestar de sus ciudadanos, la revolución atrapada por Korda en la mirada del sicario argentino promovido a imagen de camiseta nos vendió a los rusos, coreanos y chinos en dependencia de la dirección de los vientos del mercado.


Y nuestra miseria in crescendo, porque como decían nuestros abuelos el pozo de la miseria no tiene fondo. Dama insaciable por no llamarla ..., la castrorrevolución nos arrebató las libertades sin miramientos y se empeñó en revestir de improperios a los que emigraban a la menor ocasión en busca de aires de libertad. Crecimos escuchando como tildaban de mercenarios a los que cayeron en Girón en el intento de restaurar la libertad, nos hicimos adolescentes escuchando gritarles despectivamente "gusanos" a quienes se resistían al contubernio con la maldad e inmoralidad castrista e incluso catalogar de "mafiosos" a los que levantaron una opulenta ciudad a noventa millas del castrismo con el sudor de sus frentes y a costa de atesorar nostalgias y tristezas. Pero ni una sola vez contemplamos una acción, un pequeño gesto de caridad con el ciudadano común, aquellos que convertidos en una estadística y que si se vestían de mercenarios ideológicos, para defender en tierras foráneas los delirios de estratega del dictador de Birán. Que pregunten al Salvador, Nicaragua, Venezuela, Etiopía, Angola y decenas de países más si no escucharon una vez la voz de un ejército encubierto de castristas apresando sus hijos y llevando sangre y fuego a sus ciudades. ¿Qué habría sido de los 101 dálmatas si en vez de a Glenn Close le hubieran enviado a un Fidel Castro?. Dios fue benévolo con esta camada de simpáticos canes.


Hoy tras el paso de cinco décadas de sufrimientos y de alimentar sin restricción alguna a los escualos del Estrecho de la Florida con los cadáveres de nuestros hermanos, el bastardo de los Castro despotrica con reformas de ocasión. Llaman reformas a pequeños sorbos de una libertad que nos pertenece pero brindada, como jícara a esclavo amarrado a cepo. Bebe, pero no puedes moverte. Pobres diablos que han creído a costa de la más brutal represión ejercida sobre nuestra amada ínsula, de que en Cuba el decoro murió un siete de Diciembre en los campos de San Pedro. La libertad nos corresponde y la iremos reclamando grito a grito, acción tras acción.Ya somos muchos los dispuestos a reclamarla al precio que sea necesario y quizás el cincuenta sea el número ganador de la lotería.


Quizás ese día, ese amanecer primero de la libertad me tome un ron en la barra más próxima y escriba un bolero a la más cruel entre las crueles, pero no será el único. Tamaña felonía y tiranía tan brutal será objeto de inspiración de una enciclopedia de boleros.


Adiós, bandida, ha sido un asco conocerte. Una opción de título.


Patrio

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