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Satira de Don Castro Velorio

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Satira de Don Castro Velorio

Mensaje por Alana el Sáb Feb 07, 2009 10:25 am

.Autor: Héctor Peraza Linares
Periodista, escritor humorista,
ex preso político cubano exiliado en España.
http://www.hectorperaza.blogspot.com
hector.peraza.linares@hotmail.com


(Obra en un acto)

PERSONAJES:

Don Castro Velorio (Fidel Castro).
Voces de muchedumbre.
Paje de Don Castro Velorio (Pérez Roque).
Don Luis (doctor de Castro Velorio).
Espectro.
Doña Inés (Dama de Blanco).
Sombras chinescas (el pueblo cubano).

(Sube el telón)




(Habitación donde convalece Don Castro Velorio. Sentado en la cama, escribe una carta-riflexión. A través de una ventana se oyen gritos procedentes de la calle. Cientos de miles de personas vocean la palabra ‘cambio’).



Don Castro Velorio:

¡Cuán gritan esos malditos!
¡Pero, mal rayo me parta,
si al concluir esta carta
no pagan caro sus gritos!

(Don Castro Velorio, deja de escribir la carta-riflexión. Tiene el rostro desencajado, no sólo por las varias y continuas operaciones que le han hecho, sino, también, por escuchar las voces que gritan ‘cambio’).

Don Castro Velorio - ¡¡¡Pérez Roque!!!

Paje de Don Castro Velorio - ¡Ordene, mi Comandante! ¡Dígame qué mujer quiere que le ponga en su tálamo y de inmediato procedo a cumplir su orden! Le doy a escoger entre las siguientes bellezas mundiales: Shakira, Penélope Cruz, Anna kournikova, Jennifer Lopez, Pamela Anderson, Elsa Pataky y Cindy Crawford.

Don Castro Velorio -¡Imbécil! ¡No lo llamo para eso!

Paje de Don Castro Velorio - ¿No?... Bueno, jefe, si lo que prefiere es una transexual, también le puedo traer varias de ellas que son muy famosas, Por ejemplo, en España hay una que estuvo casada con un cubano. Se llama… Bibi Andersen y …

Don Castro Velorio (interrumpiéndole) - ¡No, estúpido! ¡No! ¡Lo he llamado para otra cosa!

Paje de Don Castro Velorio - Pues si lo que quiere es que le busque dos lesbianas…, se las traeré enseguida. Ahora bien, jefe. ¡No le recomiendo cometer tamaña locura! Sería demasiado fuerte para su estado de salud y para sus años. Ver ese fenómeno le puede causar un patatús. ¡Y nos quedaríamos sin Máximo Líder!

(Desde el exterior siguen llegando las voces que repiten, una y otra vez, la palabra ‘cambio’. Don Castro Velorio, apuntando con su dedo índice hacia la ventana de la habitación por donde entra la algarada, le grita a su paje):

Don Castro Velorio:

¡Cuál gritan los jovencitos!
¡Pero, mal rayo me parta,
si al ponerme una pancarta
no pagan caro sus gritos!

Paje de Don Castro Velorio (percatándose de que su jefe lo ha llamado para decirle algo con relación al griterío) - ¡Ah! Perdón, jefe. Ya me doy cuenta de lo que usted quiere. Es que en un principio pensé que se trataba de un problema de faldas. Bueno, en cuanto a esos abucheos, no se preocupe. La Seguridad del Estado tiene controlados, fichados, y amenazados con meterles cuatro o cinco años de cárcel, a todos los jóvenes, hombres y mujeres, niños y ancianos que se atreven a gritar la palabra ‘cambio’.

Don Castro Velorio -¡Yo no admito ningún ‘cambio’!

Paje de Don Castro Velorio - ¡Y no los habrá, Comandante! ¡Se lo aseguro! ¡Para eso está Chávez a quien, tal y como usted me ordenó que dijera en Nueva York, le vamos a entregar la isla de punta a punta!

Don Castro Velorio - ¡Cuba será el único lugar del mundo donde no habrá cambio climático!

Paje de Don Castro Velorio -¡Abajo el cambio climatérico!

Don Castro Velorio - ¡Voy a ordenar que se supriman en los automóviles, los camiones y las motos los cambios de velocidad!

Paje de Don Castro Velorio -¡Abajo los cambios de velocidad!

Don Castro Velorio - ¡Borraré de la filosofía marxista-leninista los cambios cuantitativos y cualitativos!

Paje de Don Castro Velorio - ¡Mueran los cambios cuantitativos y cualitativos!

Don Castro Velorio - ¡Fusilaré a los cambiacasacas!

Paje de Don Castro Velorio - ¡Mueran los cambiacasacas!

Don Castro Velorio (atusándose la barba, en pose de recitador, en cuclillas encima de la cama):


Por doquiera que fui,
la razón atropellé,
disidentes perseguí,
que a la cárcel condené,
¡Y periodistas prendí!

Yo, los bohíos tumbé;
yo, en los palacios viví;
yo, los conventos cerré.
En todas partes dejé:
¡Memoria amarga de mí!

Paje de Don Castro Velorio (pensando en voz baja, sin que lo pueda oír su jefe) - ¡Está chiflao! ¡Ahora le ha dado por hablar en versos! ¡Madre mía! ¡Se ha vuelto loco!

Don Castro Velorio:

¿Dónde está mi Doña Inés?
¡Me muero sin sus encantos!
.

Paje de Don Castro Velorio (tomando la decisión de seguirle la corriente):

Usted la metió en el Manto
Negro, desde hace un mes.

(Se escuchan con más fuerza los gritos de ‘cambio’. Pasan sombras chinescas que portan brazaletes blancos y pulseras en los que se lee dicha palabra)

Don Castro Velorio:

¡Cuán gritan los gusanitos!

¡Pero, mal rayo me parta,
si al jugar mi última carta,
no pagan caro sus gritos!

(Entra Don Luis en la habitación, vestido de médico)

Don Luis:

¡Por Dios que sois hombre extraño!

¿Cuántos días empleáis
en cada opositor que vigiláis?


Don Castro Velorio:

Partid los días del año
entre los que ahí encontráis:
Uno, para amenazarlos;
otro, para detenerlos;
otro más, para enjuiciarlos;
dos más, para condenarlos;
otros dos, para exiliarlos:
¡O tres, para fusilarlos!

Paje de Don Castro Velorio:

¡Ah! ¿No es cierto satán de amor,
que en esta apartada orilla,
más fulas mi jefe pilla,
y se tortura mejor?

Don Castro Velorio (se le presenta el espectro de la muerte. Su paje y Don Luis, asustados, salen corriendo de la habitación):

¡Ah! Por doquiera que fui:
derechos atropellé,

Libertad escarnecí,
la justicia envilecí,
¡y ensangrenté cuanto vi!

Yo, a las patrañas bajé,
y en los palacios viví,
y a las monjas exilié.
Y pues tal mi vida fue:
¡No! ¡No hay perdón para mí!

(La habitación se queda en penumbras. La aparición se quita el antifaz que le cubre el rostro. Don Castro Velorio, en medio de las tinieblas, entrevé, atónito, que el fantasma es Doña Inés. Ella va vestida de Dama de Blanco, y lleva un brazalete, en el brazo derecho, en el que está escrita la palabra ‘cambio’).

Don Castro Velorio (vociferando):

¡Doña Inés! ¡Doña Inés!
¿Dónde estás que no te veo?

Doña Inés:

¡En Manto Negro hace un mes,
por culpa de tus deseos!

Don Castro Velorio (blandiendo un enorme cuchillo siciliano):

¡Quítate ese brazalete,
que aquí cambios yo no haré!

Doña Inés (blandiendo una guámpara):

¡Los presos defenderé!

¡Su libertad pediré!
armada de este machete!
No me quito el brazalete
¡Qué a Cuba da buen aché!



Don Castro Velorio:

¡Yo cambios no haré,

ni liberaré a los presos!
Los torturo por castigo.

Les mato y vuelo los sesos!

Doña Inés:

¡Cincuenta años con eso!
¡Los presos son mis amigos!
¡Y te clavaré, perverso,

el machete en el ombligo!


(Comienzan a combatir Don Castro Velorio y Doña Inés. Ella lo mata de una estocada con la mocha).

Doña Inés (abriendo la ventana por donde llegan las voces que repiten sin cesar la palabra ‘cambio’. Dirigiéndose a la multitud allí congregada):

Cambio, en la vida futura,
y ya Cuba, con jolgorio,

erá que Castro Velorio,
vivió siempre en la locura.

A los presos, dio tortura;
al pueblo, racionamientos;
mentiras, dijo por cientos:
¡Hay que darle sepultura!

(Cae el telón de acero).

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